agosto 28, 2009

Aquellos maravillosos años





Hace tiempo la gente de ciudad se podía permitir el pequeño lujo de comprarse un chalecito para ir a pasar los fines de semana al campo y así escapar de la gran ciudad y rodearse de un entorno mucho más tranquilo y relajado; los padres, mucho más impacientes por largarse empezaban a meter cosas en el coche el viernes por la tarde para salir escopeteados cuando los niños llegasen del colegio y sin tiempo si quiera para comerse el bocadillo de la merienda.

Con tanta prisa no se daban cuenta que la mayoría de gente hacía lo mismo, la gran escapada, y se veían enormes colas para poder salir de una ciudad que en los ochenta y a principios de los noventa no contaban con las infraestructuras con las que contamos en las ciudades hoy en día.

Los niños, cansados de haber estado todo el día sentados y sin haberse podido tomar la merienda, se veían ahí, aburridos dentro de un coche y comenzaban con la típica pregunta ¿Cuando llegamos? que en repetidas ocasiones llegaba a cansar y poner de los nervios a unos padres "culpables" de haberse metido en tal embrollo por las prisas. Prisas que hacían un viaje de aproximadamente una hora en casi dos.

Parecía una estampida, todo el mundo quería escapar de la gran ciudad en aquellos Seat 131, Seat 124, Renault Siete y un largo etcétera de coches de aquella época que estaban pensados y diseñados para transportarnos de aquí a allí y que se embutían con ropa y alimentos que llevaríamos a nuestro refúgio de fin de semana como si fuese a llegar una catástrofe nuclear. La baca era ya algo necesario cuando ese refúgio de fin de semana se convertía en refugio de navidades, semana santa, vacaciones estivales o aquellos puentes que hoy en día añoramos tanto.

¿Cuantas veces no hemos compartido el asiento trasero con nuestro/o hermano/a y con la cesta de la compra porque el maletero estaba tan lleno que no cabía nada más y tenías que hacer hueco donde pudieses? que más que cesta parecía que a tus padres les había tocado el megalote navideño, de donde sobresalía esa pata de jamón y que por mucho que la intentases mover no había manera y durante esas dos horas de viaje te iba tocando la nuca mientras tu hermana te decía que estuvieses quieto de una vez porque no le dejabas dormir.... ¡claro! a ella le había tocado la parte de la ventanilla e iba supercómoda mientras a ti te iba limpiando la cera de los oídos una pata de jamón.

Además de tener que ir en aquellas condiciones teníamos unos radiocassettes que quitban el sentido en aquella época... quitaban el sentido porque te volvías majareta cuando escapabas del radio de acción de la emisora que ibas escuchando y empezaban las interferéncias, además de que siempre daba la casualidad que empezaban cuando estaban poniendo alguna cancion guapa... aquellas interferencias horrendas que te ponían de mala hostia y que cuando les decías a tus padres que hiciesen el favor de poner otra emisora o que, llegado el caso, hasta aguantarías las canciones de Rafael Farina que tan aborrecido tenías ya con tal de no tener que soportar ese ruido que te estaba machacando los oídos, bueno el oído, porque uno lo tenía taponado con la pata de jamón, lo único que te decían era: es que acabamos de meternos en esta zona de pinos y no llega bien la onda, cuando la pasemos se recupera... y mientras tanto ellos decían que aún aún se iba escuchando medianamente bien... (no se de qué se extrañaban entonces que pasado un tiempo yo intentase ver los viernes por la noche el canal plus sin descodificar cuando ellos escuchaban cosas raras y creían que era el megahit de la semana) ¿que se va a recuperar? ¿el que? porque siempre acababan poniendo la mano en la ruleta del dial... aquellos diales tan precisos que como no afinases bien aquel locutor con voz tan varonil parecía Encarna Sánchez, y cuando ya tenían una emisora cogida al poco rato volvían las interferencias... bendito RDS y el tío que lo inventó.

Por fin llegabas al chalecito, lo primero era sacar del coche todas las cosas, tu hermana diciéndote que parases ya que no veas el viajecito que le habías dado tú y la puñetera pata de jamón y tu padre advirtiéndote que o parabas o te calzaba una hostia... vamos a ver... me he tirado ocho horas en el colegio, un descanso de media hora por la mañana, dos a mediodía, de que salgo del colegio me meten en un coche dos horas con una pata de jamón amenazándome por un lado y una hermana amenazándome por el otro... ¡coño! ¡necesito desestresarme!

El fin de semana se pasaba volando y el domingo, justo después de que se acabasen los dibujos de Willie Fog que hacían después del telediario de la tarde (digo Willie Fog como podría decir Ulises 31 o Dartacan o los que diesen despues del telediario y antes del largometraje de las cuatro) te entraba aquel mal rollito de que se había acabado lo bueno y que tendrías que volver a clases... y sobretodo que aún tenías los deberes por hacer.

En mi casa siempre se esperó al último momento para volver a la ciudad, las diez de la noche, todavía haciendo la digestión y los deberes a mediohacer tenías que empezar a recoger y largarnos porque tus padres ya habían cargado el coche.

Salíamos a eso de las diez y media para no pillar caravana de entrada a la ciudad y parecía que todo el mundo pensaba lo mismo porque siempre, siempre a unos treinta kilómetros ya empezaban las retenciones... otra hora más de viaje, el sueño nos iba venciendo a mi hermana y a mi y escuchábamos a mi madre que decía: no os vayáis a dormir ahora que ya estamos llegando; no, dormidos no... fritos que nos quedábamos y la faena era de ella después para despertarnos y descargar el coche y subirlo todo a casa. Por suerte para mi la pata de jamón se había quedado en el chalet esperando al fin de semana siguiente.

Hoy todo eso casi que no existe ya, las cosas han cambiado tanto que afortunadamente cuando compramos una casa, piso o adosado (el que puede comprarse algo en estos tiempos que corren o el que puede mantenerlo en estas fechas) lo hacemos con vistas de que sea nuestro hogar los siete días de la semana porque entre contribuciones, coches y los gastos que conllevan tenerlos, que casi casi es necesario ya tener dos coches por família, basuras etcétera poco nos queda para mantener otra casita en las afueras y si a eso añadimos que es necesario que trabajen las dos personas principales del hogar para poder afrontar todos los gastos y que en la mayoría de casos tienen diferentes turnos se hace mucho más imposible pensar en tener una casa de fin de semana.

3 comentarios:

Dina dijo...

Ves, eso pasa por vivir en una gran ciudad... nuestros traslados no duraban más de 15 minutos (echándolo largo), es más... si llegabas y te dabas cuenta de que te habías dejado tu camiseta preferida en casa... pues en un pliplas se iba a buscarla y yata...

Además, con la piscina de madera que hizo mi pare, que luego se reconvirtio en caseta tipo roulotte y actualmente es la caseta de las herramientas... de lujo, oiga, de lujo

chimo dijo...

Y, TE QUEJAS?
Yo, descubrí el jamon con 15 años,
la radio, éramos nosotros, tó el camino cantando, la segunda vivienda, era un almendro que lo tiró el aire y con un hacha nos hicimos un hueco y una sombra, no había coche, había una furgoneta sin asiento detrás, que con cajas de fruta y una manta mulera servía de asiento a mí y a mis tres hermanos, Rafaél Farina, era mi padre, y Juanito Valderrama, y Manolo Escobar, y la Niña de la puebla.
Y, aquellos 60KM que hacíamos todos los domingos, en hora y cuarto, para ir a comer aca la yaya
era lo mejor de la semana.
Veía a mi abuela, a mis primas, nos comíamos un cocido con pelotas
¡UN LUJAZO!
por aquel entonces...
Y a la vuelta, no nos dormíamos porque mi padre, no dejába de cantar, y nosotros, con él.
El primer jamon que entró en mi casa, fué una fiesta y la primera vez que probé el cordero, ya tenía yo, unos 16 años, la ternera fué a los 20.
¿De qué te quejas?
Acabo de cumplir 46
Siempre hemos sido ricos...
No hemos tenido mucho
pero alegría, nos há sobrao
¿que edad tienes?
Igual, no hablamos de lo mismo...
Sé feliz, ¡COÑÖ!

McGrau dijo...

No Chimo... no me quejo, recuerdo con añoranza aquellos tiempos porque han cambiado tanto que siempre queremos volver a lo mismo pero ya es imposible y encima me has recordado ese cocido con pelotas..... jooooooooooo que rico estaba jajajajaj y las migas de mi madre..... yo acabo de cumplir los 35.

En referencia a lo de ser feliz... lo hago, pero no me sale bien y en ello estoy. Un abrazo y MUCHAS GRACIAS