noviembre 08, 2011

Cruz Roja: no es por lo que pagan... es por lo que recibo

En un naufragio, cuando lo único que oyes a tu lado es el sonido del mar, la sensación de alivio y alegría es cuando se escucha el sonido de un helicóptero que se acerca... es lo que deben de sentir aquellas personas que naufraguen y se tiren un buen rato esperando a que vengan a salvarles.

Más o menos así estábamos nosotros cuando pacientemente esperábamos al helicóptero que iba a venir a realizar maniobras con nosotros como conejillos de indias.

Ataviados con trajes de neopreno, guantes, escalpines, casco, gafas y emoción esperábamos impacientemente que llegase el helicóptero para empezar las maniobras del supuesto rescate. Mientras tanto el coordinador nos daba las instrucciones pertinentes sobre lo que se ha de hacer y lo que no se ha de hacer, sobretodo haciendo hincapié en que debíamos de seguir las instrucciones del socorrista que bajaba del helicóptero y después las del gruísta que está en el aparato que nos las dará por señas ya que el ruido es ensordecedor.

Seguimos esperando y surgen temas como que el índice de siniestralidad de helicópteros es bastante alto y recordamos algunos de los casos ocurridos en este año: Teruel, Almería, etc...

Es la segunda vez que me pongo un traje de neopreno y en esta ocasión el traje lleva capucha por lo que el movimiento del cuello está muy limitado y hay que mover el cuerpo entero para poder mirar a un lado u otro y en caso de querer girar la cabeza cuando se deja de ejercer fuerza ésta vuelve a su posición como accionada por un muelle. El casco, que en un principio tenia un poco de holgura, ahora con la capucha aprisiona más la cabeza y las orejas quedan aplastadas contra el cráneo, de manera que crees que te has puesto mal la capucha y te has dejado las orejas dobladas. Tienes que gritar para hablar porque te escuchas a ti mismo hablando pero casi no escuchas a los demás.

El aire sopla de poniente y el coordinador nos recuerda que en el ejercicio anterior el helicóptero venia de levante, cosa que no permitió escuchar el ruido del aparato hasta tenerlo casi encima.

Lo que me ha sucedido a mi en el momento que he vislumbrado el helicóptero y más cuando lo he empezado a escuchar ha sido una sensación única. En un principio estaba alegre por ir a unas maniobras en las que jamás había estado pero cuando me he dado cuenta de que aquello iba en serio el corazón ha comenzado a latir con fuerza (supongo que el estar embutido dentro del traje ha ayudado a notarlo más... no me he hecho fotos pero seguro que parecía una morcilla) de alegre he pasado a una emoción nerviosa como la que puede sentir un niño el día de ates de la llegada de los reyes magos ¡iba a subir a un helicóptero de verdad y desde el mar!.

El helicóptero se ha parado casi encima nuestro, ha bajado un socorrista de salvamento que, por las luces que llevaba, parecía un árbol de navidad y ha subido a nuestra embarcación. Me coloca un arnés por debajo de los brazos, me engancha al cable y de repente comienzo a elevarme.

No puedo explicar la sensación que he tenido cuando estaba suspendido en el aire. En todo el trayecto no he sentido nada más que emoción pero no notaba que me estuviesen izando ni ningún tipo de balanceo. He disfrutado con la vista de Málaga desde el aire y de repente ya estaba al lado del helicóptero. El gruista me ha posicionado de manera que no fuese a tocar con el aparato y grácilmente me ha introducido dentro.

Una vez arriba éste me ha hecho una señal para que entrase adentro pero que no me moviese mucho ya que esos movimientos los nota el piloto que está centrado en mantener el helicóptero lo más quieto posible en el aire mientras realizan las maniobras.

Me dan indicaciones de que una vez que cierren la puerta me siente y disfrute del paseo.

¡Alucinante! De verdad que ha sido impresionante lo que he sentido en ese trayecto. El ruido era ensordecedor pero aún así podía hablar con el gruísta que me iba diciendo algunas cosillas como que notaría “baches” porque las corrientes de aire que vienen de las montañas afectan al aparato; me muestran el visor nocturno en el que se ve con claridad todo tipo de detalles (bueno las caras de los tripulantes de la embarcación nuestra no pero casi casi) y alucino con el cuadro de instrumentos de cabina... con esa cantidad de botones tenia que sentarme encima de mis dedos para evitar la tentación de tocar alguno.

Otra vez vuelven a darme instrucciones. Me van a volver a dejar en la embarcación. Una vez que abra la puerta y me haga una señal he de aproximarme para que vuelvan a enganchar el cabestrante al arnés que aún llevo conmigo. Me comunican que van a intentar dejarme dentro de la embarcación o lo más próximo a ella (vamos, que me voy a mojar). Se abre la puerta, me siento con las piernas para afuera y el motor hace que suavemente suba y me posicione literalmente colgado fuera del helicóptero donde poco a poco me va a hacer ir descendiendo. La sensación vuelve a ser indescriptible, estoy colgando en el aire y los compañeros que están en la lancha dirigiendo el “paquete”... suavemente me posan en la lancha, me quitan los amarres y mi compañera me hace el relevo.

De vuelta a puerto vamos comentando la experiencia vivida asegurando que a la mínima oportunidad posible volveremos a practicar en simulacros como este. La experiencia ha sido de 10, las sensaciones... pasarán días y días y con emoción seguiré diciendo "¡me han subido a un helicóptero desde el mar!"

Cruz Roja: no es por lo que pagan...
 es por lo que recibo.

1 comentario:

Yoli dijo...

Hola, de casualidad he llegado a tu blog, mi marido es voluntario de Cruz Roja y nos gustaría saber de dónde es el escudo del ancla que tienes en esta entrada, si lo sabes, nos lo puedes decir? Desde ya gracias y un saludo de una voluntaria consorte, jajaja.