enero 26, 2012

YO NO SOY UN MENTIROSO… EL TIEMPO SIEMPRE ME DA LA RAZÓN

Contadas veces fueron las que muchos años después de haberme graduado en la escuela primaria me pasé a ver a una de las profesoras que más aprecio tuve y tengo todavía hoy. Era una profesora con un carácter que imponía, una voz fuerte y una mirada muy expresiva –esos ojos azul verdoso que si se te clavaban fijamente notabas que te estaba cogiendo del pescuezo desde el otro lado de la clase- y al mismo tiempo muy cariñosa; una profesora que sufría por todos y cada uno de sus alumnos y que lloraba cuando alguno no se graduaba. No estoy siendo exagerado, Paquita era así.
Cada vez que voy a Barcelona sin ser para salir de fiesta –y rara vez puedo desplazarme allí- me gusta pasar por el colegio y ver a esas profesoras, en concreto a ella. Dos años nada más estuve en ese centro pero dos años que marcaron mucho mi personalidad.
En aquel tiempo en el que mi madre estaba ingresada en el hospital del Valle de Hebrón para que la operasen de aquel cáncer que la mató. No me importaban ni las multas de tráfico, ni de aparcamiento ni las ordenanzas municipales ni el mismísimo alcalde de Barcelona. Acababa de llegar de Francia con el tráiler y justo en una parada de autobús que hay delante del hospital aparqué el “coche”, entré por urgencias y me colé por los pasillos hasta que llegué a la habitación de mi madre. Cuando entró la enfermera lo flipó un poco, se dispuso a abroncarme y pretendía que me fuese, pero le expliqué que no me podía adaptar a los horarios de visita por mi oficio y que cuando encontraba un hueco semanal lo aprovechaba y enseñándole el trasto que había aparcado delante del hospital le pregunté si creía que me importaba una bronca de una enfermera de hospital, con todos mis respetos hacia ella, claro.
 
Hacía la visita de rigor y al rato ya me largaba a aparcar el coche en una zona bastante más alejada, donde “la bicicleta” no molestaría y yo podría hacer mi descanso diario para al día siguiente seguir con mi ruta.
 
Por la mañana aprovechaba para ir a desayunar tranquilamente y de paso, ya que estaba en la zona, para ir a visitar a esta profesora que he comentado antes y tener una de las charlas que siempre me ha gustado tener con ella.
Aquel día salió un tema que era como una espina para mi, que aunque no sirvió para que me retirasen el castigo si que sirvió para aplicarme uno de aquellos consejos que siempre van bien para toda la vida y es que antes de juzgar a nadie valores todas las opciones y no deseches ninguna por tonta que parezca:
    
-Martes por la tarde, examen de natus naturaleza, finalizo la tarea, la entrego en el pupitre de la maestra y me vuelvo a mi sitio… el examen estaba de notable como mínimo y yo tranquilo porque había estudiado. Cuando volví a mi pupitre, a escondidas, me puse a jugar con una calculadora –ya ves tú que tontería- y lo hice a escondidas porque estaba prohibido llevar calculadoras al colegio –hoy llevan teléfonos móviles que hacen mucho más que una simple calculadora y no pasa nada. 

La maestra, otra que también se llamaba Paquita y que en vez de ponerse crema para las arrugas parecía que se plastificaba la cara porque ese brillo que quedaba de no haber untado bien la crema y que no hubiese filtrado en la piel no se iba, esa Paquita que era más modosita pero más cruel que la otra se me quedó mirando con cara de “la has cagado nen y vas a saber lo que es pasar un buen ridículo” y comenzó a gritarme: ¡¡Grau!! ¡¡Grau!!! (no, no ladraba, es mi apellido) ¿¡No habrás copiado verdad!? Y yo: esto… no señita –abreviatura de señorita en tono giñado- no copiaba…
Los demás compañeros se quedaron todos callados, mudos, remojando barbas por si había alguno más, pero al mismo tiempo aprovechando la mínima oportunidad de ver por donde salías para después cachondearse de ti y que fueses la comidilla de las burlas… y continuó la señita: ¡Dame lo que tienes ahí! Y gilipollas de mí, en vez de darle la calculadora, que sería la opción que mucha gente hubiese tomado, yo opté por darle nada más y nada menos que un folio de naturaleza que tenía en el hueco de debajo del escritorio simplemente porque no quería que se burlasen de mi los otros compañeros.
 
Ese día la profesora llamó a mi madre y se lió bastante más que si hubiese dicho que estaba jugando con una calculadora que aún sabiendo que estaba prohibido yo me había llevado al colegio. Se solucionó bastante tiempo después continuando estudiando y aprobando, como hubiese aprobado el anterior. No es que fuese muy buen estudiante, pero esa materia se me daba muy bien.
 
La maestra se reía, y yo también, mucho tiempo después porque ella siendo la directora del centro era conocedora del tema y a cada alumno lo recuerda por algún hecho en concreto… tanta gente en tanto s años han pasado por allí que le gusta recordarlos a todos y como ella dice, lógicamente tiene a sus favoritos y los que no, pero a todos los aprecia. Yo no era de sus favoritos pero me recordaba perfectamente y sabía que mentiroso no era y ese día volví a recordarle esa historia en la que, ante la disyuntiva de ridículo por los compañeros o broncazo por la profesora preferí optar por la segunda, y le volví a contar la historia tal como pasó años antes. Ella me dijo mirándome fijamente con esos ojazos verdeazulados: sé que es verdad, y más aún te creo ahora porque sigues convencido en esa inocencia y recuerdas todos y cada uno de los detalles pero eso ahora siempre lo sabrás tu y no le importará a nadie más que a ti, pero tu serás el que luzca con orgullo esa etiqueta invisible que pone “yo no soy un mentiroso”

Tiempo después de no ver a esa profesora, y ganas no me faltan, me ha sucedido en un par de ocasiones y con personas diferentes un caso muy lejos de ser parecido a aquel del colegio, pero similar en los dos y una de esas personas, sabiendo que la primera vez me afectó mucho y que luché para limpiar mi honor, ha actuado incluso peor que la primera, así que sabiendo que estoy libre de culpa, que “yo no soy un mentiroso”  y que el tiempo me está dando la razón puedo decir con orgullo que la próxima vez que acuse a alguien lo haga con fundamento y arriesgándose a conocer todas las opciones y abriéndose a admitir todas las pruebas, que es muy fácil atacar a alguien, dejarle con el sentimiento de culpabilidad y no permitirle la defensa.

La ignorancia y la incultura nunca han ido conmigo y es por eso que cuando desconozco un tema y me afecta profundamente lo investigo, lo aclaro y actúo en consecuencia… ¿me gano enemigos? No, simplemente descubro que de entre mis amigos siempre ha habido quienes no lo son… no los he ganado, siempre han estado ahí.



1 comentario:

Ana Maria dijo...

Hola Jordi...sabes leyéndote se me vino a la cabeza una parábola del lápiz que me contaron una vez y que viene muy bien aquí...
Parábola del Lápiz

Dicen que mas importante que las palabras, es el lápiz que usamos cada día en nuestra vida..
- ¿Qué tiene de particular ese lápiz?
- Todo depende del modo en que mires las cosas. Hay en él cinco cualidades que, si consigues mantenerlas, harán siempre de ti una persona en paz con el mundo.
Primera cualidad:Puedes hacer grandes cosas, pero no olvides nunca que existe una mano que guía tus pasos.
Segunda cualidad: De vez en cuando necesitas dejar lo que estás escribiendo y usar el sacapuntas. Eso hace que el lápiz sufra un poco, pero al final, estará más afilado. Por lo tanto, debes ser capaz de soportar algunos dolores, porque te harán mejor persona.
Tercera cualidad: El lápiz siempre permite que usemos una goma para borrar aquello que está mal. Entiende que corregir algo que hemos hecho no es necesariamente algo malo, sino algo importante para mantenernos en el camino de la justicia.
Cuarta cualidad: Lo que realmente importa en el lápiz no es la madera ni su forma exterior, sino el grafito que hay dentro. Por lo tanto, cuida siempre de lo que sucede en tu interior.
Quinta cualidad: El lápiz siempre deja una marca. De la misma manera, has de saber que todo lo que hagas en la vida, dejará trazos. Por eso intenta ser consciente de cada acción.
Pues bien,aquellas personas que nos juzgan manchando nuestro honor,no saben que cuando lo hacen su mal está en camino..y como bien dice el lápiz has de saber que todo lo que hagas en la vida, dejará trazos. Por eso intenta ser consciente de cada acción...así que quédate con lo que te dijo tu profesora..que es lo mismo que Lo que realmente importa en el lápiz no es la madera ni su forma exterior, sino el grafito que hay dentro....es bueno poder defenderte,ya que todo tenemos ese derecho y más si nos han ofendido sin pruebas alguna..en fin..que me a encantado..besos